Hoy observo la mesa, solo una silla. En mi recuerdo, existieron dos.Él la miraba y le sonreía durante lo que parecía una primera cita. Ella eligió short de mezclilla y sandalias; sus uñas largas y rojas. Pidieron de cenar croissants y ella fingió solo comer la mitad. Aun en el 2023 hay que saber ofertar el concepto: esposa. El ofreció sus músculos protectores y lo que parecería ser un buen proveedor, esta cafetería no vende productos baratos. Él se levantó de la mesa para alcanzar una servilleta; ella aprovechó a tomar fotos de los platillos servidos y las bebidas con el vistoso logo de sirena.
Aún me pregunto, cuáles fueron sus temas de conversación, quizá no solo hablaron de la música de Bad Bunny y hubo honestidad: enfermedades mentales, terapia, relaciones tóxicas del pasado… Quizá al terminar la cena, el primer beso. En este mismo lugar he visto cerrar otro tipo negocios de compraventa, que involucran la misma atención y lenguaje: distante y cordial.
Existen también otros; en otra mesa y otras sillas, con más valentía de acudir al llamado de Darwin. Con la soltura y la rebeldía de saberse libres de “pertenecerle a otro”, con la convicción de querer compartir lo mucho que se tiene dentro…en la mente y en el corazón, sin hacer trampa. Y que los privilegios que se ganen sean del amor y para dos.